Los orígenes de la hipnosis se remontan a varios milenios, de hecho muchas culturas y civilizaciones antiguas sabían de la hipnosis y la usaban como medio terapéutico, como se puede demostrar en documentos de los antiguos egipcios, griegos, romanos, indios, chinos, persas y sumerios donde se muestran amplios estudios en hipnosis (estados alterados de conciencia).

En otras palabras, la hipnosis tiene al menos 6.000 años de antigüedad.

Aunque los druidas utilizaron la hipnosis en la antigua Gran Bretaña y la Galia, el desarrollo y la introducción de la hipnosis en el mundo modernos es atribuible a los científicos islámicos de la Edad Media.

Entre los siglos IX y XIV hubo un gran florecimiento de la civilización en el Mediterráneo y Oriente Medio que sentó las bases de la ciencia moderna tal y como la conocemos, se revitalizó el conocimiento médico y filosófico de la antigua Grecia, Egipto y las primeras civilizaciones orientales. Durante ese renacimiento se logró una comprensión profunda de la psicología humana y se utilizaron procesos terapéuticos como el análisis, estados alterados de la conciencia o lo que es lo mismo la hipnosis para aliviar la angustia emocional y los sufrimientos. Precediendo así a la psicoterapia y la hipnoterapia tal como la conocemos hoy.

A partir de los siglos XV y XVI, Los médicos de diferentes países desarrollaron y refinaron el concepto de hipnosis y sus diferentes usos. A pesar de que todo este conocimiento se extendió por todo el continente europeo y las Islas Británicas, se mantuvo principalmente limitado a científicos, médicos y universidades pero sin despertar mucho ínteres. Fue reintroducido en Occidente en el siglo XVIII cuando los exploradores se pusieron en contacto con la practica de hipnotismo en Oriente Medio y Extremo Oriente.

 

En el siglo XVIII, la figura más influyente en el desarrollo de la hipnosis fue el Dr. Frantz Anton Mesmer , un médico austriaco que era una personalidad carismática y a veces controvertido. Utilizó imanes y marcos de metal para realizar supuestos pases sobre el paciente para eliminar bloqueos (las causas de las enfermedades) en las fuerzas magnéticas del cuerpo conocidas hoy día como energía vital, e introducir a un trance. Pronto descubrió que podía alcanzar resultados igualmente exitosos al pasar las manos sobre el paciente, lo que a veces hacía durante horas, llamo a este método “magnetismo animal”.

Trabajó en Austria, Suiza y Alemania antes de establecerse en Francia, y aunque logró muchos éxitos, pronto fue ridiculizado y condenado al ostracismo por la comunidad médica. En general, se cree que sus sesiones de curación realizadas ante el público y los médicos eran representaciones teatrales para mostrar su trabajo y poder ridiculizarlo así como sus resultados. Se cree que otro factor que contribuyó a si descrédito fue el simple celo de sus colegas médicos, ya que logró resultados con sus métodos poco ortodoxos.

Sin embargo, su nombre sobrevivió al paso del tiempo y fue inmortalizado en nuestro vocabulario por el verbo “hipnotizar”, que significaba llamar la atención de alguien sobre la exclusión de cualquier otra cosa para crear un estado de trance, en otras palabras, para hipnotizar a esa persona. No solo su nombre sobrevivió en nuestro vocabulario, también lo hizo su método llamado mesmerismo.

Después de la muerte de Anton Mesmer en 1815, uno de sus discipulos, Armand de Puysegur, continuó con su trabajo y lo llevó un paso más allá, descubrió que la palabra hablada y los comandos directos inducían al trance de manera fácil y notablemente más rápida que los pases hipnóticos y que una persona podía ser operada sin dolor ni anestesia cuando estaba en trance. Esta técnica fue utilizada durante muchas décadas por los cirujanos en Francia; el doctor Recamier, quien realizó la primera operación registrada sin anestesia en 1821 y el Dr. Cloquet, y en Inglaterra el Dr. Elliotson y el Dr. Parker, apodado “Parker sin dolor”.

Sin embargo, el historial de cirugía en trance pertenece al Dr. James Esdaile, un médico ingles, que realizó su primera operación sin anestesia en la India y alcanzó un increíble recuento de 300 operaciones principales y 1.000 operaciones menores usando hipnosis o mesmerismo como todavía se llamaba en aquella época.

Poco después, se descubrió el cloroformo y el mesmerismo cayó en desgracia como anestésico,,era más rápido inyectar a un paciente para inducir un estado de trance¡.

El siguiente impulso en la historia de la hipnosis fue dado por el optometrista escocés Dr. James Braid, quien descubrió por accidente que una persona que fija la mirada en un objeto podría alcanzar fácilmente un estado de trance sin la ayuda de los pases hipnóticos recomendados por el Dr. Mesmer. En 1841 publicó sus hallazgos, refutó el trabajo de Mesmer y nombró incorrectamente su descubrimiento “hipnotismo” basado en una palabra griega “hypnos” que significa dormir, fue un nombre totalmente inapropiado ya que la hipnosis no es dormir. Sin embargo, el nombre permaneció y el mesmerismo se convirtió en hipnotismo.

En la década de 1870 se crearon dos escuelas de hipnosis en Francia, una por el Dr. Jean-Martín Charcot, en París, y la otra en Nancy por el Dr. Benheim y el Dr. Liebault.

En las últimas 3 a 4 décadas del siglo pasado, hemos sido testigos de una gran cantidad de terapias y métodos de autoayuda y pensamiento positivo.

Los avances tecnológicos, como la televisión y la globalización de información a través de internet, han hecho que los diversos usos de la hipnosis, sean más conocidos, más accesibles y populares.